Mamás chamberas: ¡rendirse jamás!
junio 11, 2021

Cuando era pequeña, mi abuela tenía una frase que solía repetir: “El hombre cae bien parado siempre”. En ese momento pensaba que se refería a su habilidad física, pero aún así, como niña intrépida que era, no dejaba de parecerme injusto. “¿Qué demonios? Yo también sé caer bien”, pensaba. A mis 19 años esperaba a mi primer hijo, y esa misma abuela tocándome la panza decía: “Ojalá que sea hombre porque ‘el hombre cae bien parado siempre’”, hasta que no pude quedarme callada: le pregunté a qué se refería, le refuté y luego entendí el fondo de su frase.

Como mujeres, competimos en un mundo laboral donde somos nosotras quienes tenemos que combinar, casi como malabaristas, nuestra casa, hijos, carrera y vida privada. Cómo no reconocer a esa gran cantidad de madres solteras y emprendedoras que se tiran a la espalda la carga total de un hogar. Y es que si bien los hombres no merecen ser etiquetados como seres que no asumen su responsabilidad, por lo general, incluso los que son padres muy presentes, no sacrifican su vida profesional. No, no, no: es que por algún orden universal, los hijos se consideran de la madre y ahí estamos nosotras, intentando estudiar, o emprender, o ser artistas, o llegar al directorio de una gran empresa, mientras que, a la vez, tenemos que coordinar en el grupito de Whatsapp de las mamás del cole.

Sin importar qué hagamos y cuáles sean nuestros sueños, pensar en ser competitivas y buenas madres es una tarea titánica.


Una anécdota
Hace un tiempo, tenía una presentación importante, de esas que preparas con mucho tiempo y esfuerzo. Dejé todo encargado y bien distribuido, estaba lista para dar mi 100% en la reunión de trabajo, empecé con la presentación y de pronto empiezan a llegar mensajes a mi whatsapp:
– ¡Mamá responde!!!

– YUJUUU MAAAA

– ¡MAAAAAAA!!! SOS

– MAMÁ ES URGENTE

Yo dije: “Pasó algo pasó gravísimo, una cosa de vida o muerte que no puedo dejar pasar”. Pedí disculpas, interrumpí todo y llamé:
– ¡¿Qué pasó?!

– Mamá necesito una cartulina para mi trabajo.

No sabía si gritar o reír, así que solo dije:
– Hubieras llamado a tu papá.
A lo que me respondieron:
– No pues, mamá, la necesito para hoy…
Un pulpo me sentí.

Aceptémoslo: en este mundo, las mujeres hemos tenido que luchar siempre cuesta arriba. Por eso, ¿no sería increíble que dentro de nuestras oficinas o comercios, nosotras nos diéramos una mano? No nos creamos ese cuento de que las mujeres somos enemigas de otras mujeres, no lo somos, no tenemos por qué competir, ya la tenemos bastante difícil. Lo que sí podemos ser, es compañeras para ayudarnos, apoyarnos e impulsarnos a trepar la cuesta. De la mano de otras mujeres, seguro que caeremos mucho mejor paradas.

Redacción WowMom

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